Matilde Moliner Ruiz

Matilde Moliner Ruiz

(Madrid, 1904-ídem, 1986)

Matilde Moliner Ruiz nació en el año 1904 en Madrid, donde la familia se había trasladado por motivos de trabajo. Era hija de Matilde Ruiz Lanaja y Enrique Moliner Sanz, médico rural. Su hermana mayor fue otra célebre pionera aragonesa, la lexicógrafa María Moliner Ruiz.

Llama la atención la cantidad de bibliografía dedicada a su hermana y los insuficientes estudios que se han ocupado de la figura de Matilde Moliner Ruiz, mujer avanzada a su tiempo y con un recorrido profesional y vital de gran interés. Por este motivo, buena parte de los datos académicos empleados para elaborar este texto han sido localizados en documentos conservados en el Archivo de la Universidad de Zaragoza.

Su trayectoria como estudiante puede resultar más compleja que la de otras pioneras de la Universidad de Zaragoza a la hora de abordar su investigación, puesto que durante su infancia y juventud Matilde Moliner Ruiz transitó por distintas poblaciones y centros educativos de la geografía española. Su padre abandonó a la familia en 1915 y su madre se tuvo que ocupar sola de las dos niñas y el niño, por lo que se desplazaron a Aragón buscando el apoyo de la familia materna. Tanto María como Enrique y Matilde colaboraron económicamente con trabajos puntuales y se organizaron para poder seguir estudiando por turnos, al no poder pagar todas las tasas de matrícula a la vez.

Según expedientes hallados en el Archivo, la menor de la familia Moliner Ruiz «verificó los ejercicios del Grado de Bachiller» en el Instituto de Valladolid, y le fue expedido el título el 30 de abril de 1924 con numerosas matrículas de honor en su expediente. Años antes, hasta los once, estuvo escolarizada en la Institución Libre de Enseñanza, donde comenzó su afición por la historia, desarrolló el gusto por la lectura y adquirió la suficiente autonomía para aprender por sí misma.

En el curso 1923-1924 Matilde Moliner Ruiz comenzó los estudios de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia, como alumna no oficial. Allí se matriculó en cinco asignaturas, superadas con buenas calificaciones, y en agosto de 1924 remitió una carta al Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza para poder presentarse allí a los exámenes de la convocatoria de septiembre, en cuatro asignaturas más de la Licenciatura. Ese mismo mes de agosto pidió el traslado de expediente para continuar la carrera en la Universidad de Zaragoza, y en septiembre superó los exámenes de la convocatoria extraordinaria con matrículas de honor.

En el Archivo Universitario se conserva una carta remitida por la madre de esta pionera al Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza, en la que se identifica como «doña Matilde Ruiz Lanaja, vecina el año último de Simancas en Castilla, ahora residente en Murcia, por seguir, en ambos casos, la sucesiva residencia de mi hija María Moliner Ruiz, del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos». De esta manera, se conoce también la trayectoria vital de María Moliner Ruiz y de su madre, que la acompañó en sus diferentes destinos tras ingresar, por oposición, en el Cuerpo Facultativo de Archiveros.

En el documento Matilde Ruiz Lanaja expone –y declara bajo juramento «en cuanto hubiere necesidad»– que carece de bienes propios, al igual que su hija Matilde Moliner y Ruiz y, por ello, pide al Decano que le conceda a su hija la matrícula gratuita durante el curso 1924-1925 para las siete asignaturas que le faltaban por estudiar y examinarse.

Matilde Moliner Ruiz obtuvo Matrícula de Honor en esas materias, como alumna oficial, y se licenció tras superar son Sobresaliente los ejercicios de «grado de licenciado», por la sección de Historia, a principios de junio de 1925.

Asimismo, optó a la oposición para conseguir el Premio Extraordinario de Licenciatura; su compañera de promoción María Buj Luna quedó en primer lugar, Matilde en segundo.

En esa época pudo participar en calidad de colaboradora alumna en el EFA (Estudio de Filología de Aragón) –instituto de investigación patrocinado por la Diputación Provincial de Zaragoza–, como ya había hecho su hermana María Moliner Ruiz y otras pioneras de la facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza, entre ellas Áurea Javierre y Mur, Pilar Pacareo Serrate y Dolores de Palacio y Azara.

Sobre su trayectoria profesional, Matilde Moliner Ruiz fue una pionera de la investigación histórica y la enseñanza en España. Dedicó su vida a la Enseñanza Media, viajando por distintas localidades de España. Comenzó a ejercer como profesora en su época universitaria impartiendo algunas clases en el Colegio de Segunda Enseñanza de la Compañía Siderúrgica del Mediterráneo de Sagunto, donde trabajaba su hermano Enrique.

En el curso 1925/1926, para que su hermana María estudiase el doctorado en Madrid –al mismo tiempo que ejercía como archivera en la Biblioteca de la Delegación de Murcia–, Matilde se quedó sustituyendo a su madre en el puesto en el que colaboraba en la Facultad de Letras de la Universidad murciana. Asimismo, consiguió un contrato como Ayudante interina en el Instituto Alfonso X, también localizado en Murcia, que significó su debut como docente en la enseñanza pública y, a su vez, la primera mujer en ingresar en esa institución.

En ese momento, Matilde Moliner Ruiz tenía como objetivo consolidar su trayectoria profesional en la capital madrileña, pero, al igual que en su niñez y adolescencia, transitó por diversas poblaciones españolas durante buena parte de su etapa como docente.

Un año más tarde, en 1926-1927, se trasladó a Madrid para cursar cuatro asignaturas del Doctorado, que superó con excelentes calificaciones, y simultáneamente impartió algunas clases como Ayudante auxiliar en el Instituto Cardenal Cisneros y de Aspirante de Latín en el Instituto Escuela. Abandonó durante un tiempo la capital por la enfermedad de su madre, aprovechando para prepararse las oposiciones de cátedras de institutos locales. Ese periodo que estuvo al cuidado de su madre y que pudo dedicar al estudio fue académicamente fructífero: en 1928 consiguió la plaza del Instituto de Requena y al año siguiente la de Talavera de la Reina, ciudad en la que residió hasta 1933.

En el curso 1932-1933 obtuvo una beca de la Junta para Ampliación de Estudios sobre investigación en Londres y París, pero no pudo disfrutarla por motivos de enfermedad. Sin embargo, ese mismo año volvió a Madrid para trabajar como Encargada de curso en el Instituto Cervantes y permaneció allí hasta el comienzo de la contienda civil. Este momento coincidió también con su matrimonio con Juan Arévalo Cárdenas, catedrático de Geografía e Historia.

La proclamación de la Segunda República española permitió desarrollar el magnífico proyecto educativo y cultural de Misiones Pedagógicas. Matilde Moliner Ruiz estuvo muy implicada en él y desempeñó diferentes funciones hasta que fue desmantelado al finalizar la guerra civil.

Fue miembro destacada del Patronato de Misiones Pedagógicas: en 1933 ocupó el cargo de secretaria administrativa y desde octubre de 1934 ejerció la secretaría del Patronato en ausencia de Luis Santullano. Además, actuó de «misionera» en varias campañas: Navalcán, Valdepeñas de la Sierra, Cartagena y Jaragua. En 1935 fue nombrada Vicesecretaria de la Junta para Ampliación de Estudios y Vicesecretaria de la Comisión Ejecutiva de Misiones Pedagógicas. En este último puesto, una de sus atribuciones, que realizó junto a Antonio Machado, fue la selección de los libros que formaron parte del primer fondo creado para las bibliotecas de las Misiones, así como su supervisión.

En este momento se encontraba también inmersa en su tesis doctoral, titulada La intervención de Inglaterra en la independencia de las colonias hispanoamericanas, y dirigida por Rafael Altamira.

En julio de 1936 le concedieron una nueva beca de la Junta para Ampliación de Estudios, pero el estallido de la contienda civil hizo imposible, de nuevo, que pudiese aprovecharla. La guerra también imposibilitó la consolidación de su plaza en el Instituto Cervantes de Madrid al quedar clausurada toda su actividad. Además, en ese momento se encontraba embarazada de su primera hija y alejada de su marido, destinado en la localidad de Baeza.

A pesar del difícil momento que atravesaba en el país, la guerra supuso la reunión de las hermanas y hermano Moliner Ruiz y sus cónyuges en Valencia. María ocupaba el cargo de dirección en la Biblioteca de la Universidad, Enrique impartía clases en el Instituto Obrero de la ciudad y Matilde y Juan Arévalo Cárdenas consiguieron trabajar como profesores en el Instituto Blasco Ibáñez y en el Instituto Luis Vives, respectivamente. Durante el periodo bélico permanecieron en Valencia y estuvieron inmersos en los círculos políticos e intelectuales republicanos.

Al término del conflicto bélico los miembros de la familia, como otros muchos en España, sufrieron la depuración franquista. Matilde tuvo que presentar la «declaración jurada para la depuración de los funcionarios públicos», tanto en Madrid como en Valencia, y durante unos años no pudo ejercer la docencia.

La familia Arévalo Moliner se amplió en 1944 con el nacimiento de su segunda hija. El matrimonio se trasladó al sur del país para trabajar en el Instituto de Almería durante ocho cursos escolares y permanecieron juntos hasta 1950, cuando decidieron separarse con la idea de que sus hijas pudiesen tener un futuro mejor. Juan Arévalo Cárdenas continuó en su puesto de profesor en Almería hasta mediados de la década de 1960 y Matilde Moliner Ruiz regresó a la capital madrileña con las dos niñas.

Desde el otoño de 1952 Matilde retomó su actividad como docente en el Instituto Cervantes y pudo consolidar su plaza como catedrática de Geografía e Historia, en la que permaneció hasta su jubilación en 1974. Dedicó esos veinte años a la docencia, labor que más satisfacción le producía.

Ese mismo verano de 1952, antes de su vuelta a Madrid, pudo consultar, al fin –y tras obtener el permiso oportuno del Gobierno–, los archivos de Londres y de París, y, aunque no concluyó la tesis, pudo completar su memoria de becaria en el Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo, titulada Ingleses en los ejércitos de Bolivia: el Coronel Enrique Wilson. Continuando con su interés por los estudios americanistas, publicó casi una veintena de artículos para la Revista de Indias entre los años 1952 y 1965, y más adelante colaboró con la editorial Aguilar en la edición crítica de la obra del cronista alemán Ulrico Schmidel: Viaje del Río de la Plata.

Matilde Moliner Ruiz escribió y publicó numerosos libros y textos, algunos de los cuales se citan en la bibliografía final. Le interesaba que su alumnado se aplicase a la geografía y a la historia de una manera didáctica y amena, sin aprender a base de memoria, sino a través de la comprensión de las materias. Cuidaba sus explicaciones y compartía en cada clase su sensibilidad y vocación por la enseñanza.

Esa manera diferente de captar el interés del estudiantado debía mucho a sus años como alumna de la Institución Libre de Enseñanza y a su vitalidad y entusiasmo por enseñar. Siempre fomentó el libre pensamiento, el interés por el conocimiento y el saber, así como el gusto por la lectura y los viajes.

La docencia fue una de sus mayores satisfacciones vitales y a la que dedicó buena parte de su trayectoria profesional. Matilde Moliner Ruiz dejó una huella muy importante en su alumnado y en la Enseñanza Media española.

Por todo ello, fue propuesta para ser galardonada con la Orden Civil de Alfonso X El Sabio, en la categoría «al mérito docente», distinción franquista que le fue denegada por su historial afín a la República.

En 1981 volvió al Instituto Cervantes con motivo del 50 aniversario de su fundación. Y, una vez más, hizo alarde de su extraordinaria capacidad como oradora recordando sus vivencias en Misiones Pedagógicas, sus encuentros con Antonio Machado, y rindiendo un afectuoso homenaje a la Institución Libre de Enseñanza que tanto contribuyó en su educación.

 


BIBLIOGRAFÍA:

Archivo Universitario de Zaragoza. Consulta del catálogo online disponible en la web https://archivouniversitario.unizar.es/.

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